Ficcionando sueños, inicialmente fue el titulo de un acoplado entonces de apenas tres cuentos, que surgieron aprincipios de este año, como la realidad letrada que habia venido guardando por mucho tiempo, gracias a una inspiracion prodiga, y un espacio que se abrio en mi cotideanidad , pude llevarlos acabo y he aqui el trabajo final.
Barbie de Cloro, fue publicado en
Escriterias hace apenas un mes, pero por razones de acomodo, lo publico de nuevo en su verdadero lugar. Porque aqui, se ficcionan los sueños.
Barbie de Cloro

Hace dos semanas descubrí que el departamento vecino del piso de arriba se encontraba deshabitado y que los olvidadizos de mis ex vecinos dejaron sin cerrar la ventana, esto lo supe una noche en la que el viento parecía aciclonado y se escuchaba el crujir y el azote de la persiana contra el marco de esa maldita ventana.
Pasaban de las dos de la madrugada, mi reloj negro con numerotes del tamaño de mi pulgar se entercaba en hacérmelo saber; entre sueños había escuchado que un leñador ascia con furia su hacha en contra de un pino de aluminio, pero el ruido era tan fuerte y sordo que me despejo del sueño y ya con los ojos plato comprendí que tal ruido infernal provenía de la realidad y no de pinos metálicos. Acto seguido me levante furioso de mi cómodo nido de cobijas y perseguí entre ensoñaciones el ruido aquel. Y digo, me levante, porque creo que eso hice.
Me asome por la ventana y la noche parecía normal, salvó por el aironazo encabritado resoplando y azotándolo todo a su paso, entonces al mirar hacia arriba, con la cabeza afuera de mi ventana, como si fuera la mía, cabeza de tortuga fuera de su caparazón, observe como el cordón de la persiana vecina (de arriba de la mía) se mecía cual niña en columpio; mientras el resto se torcía en el aire y se estrellaba en la ventana. AAAAHHHGR! Escupí un grito de furia muda, porque vivo solo y nadie me oye, y además, porque sabía que la noche era laaaarga y el endiablado aigre no iba a calmarse. Así que decidido como estaba, me puse mi bata de salir de la cama y mis pantuflas de garritas; y digo me decidí y me las puse porque creo que así lo hice. Y salí pues al encuentro de ese ruido maldito a acallar con mi fuerza bruta a la ventana del mal dormir.
Ya estaba yo en eso, frente a la puerta del departamento vecino (de arriba del mío) cuando recordé que no soy yo el portero del edificio y no tenia porque tener la llave para abrir. AAAAHHHGR! De nuevo, nada más puras muecas, y mudo, porque ahí si me podrían escuchar y de hacerlo mi santa madre me seria recordada muy temprano por la madrugada. Como buen terco, igual que el resto de la gente común, aunque no traía yo llave, y sabiendo que era en vano, agarre la perilla de la puerta en cuestión, con las dos manotas con la decidida intensión de forcejear con ella y descargar mi furia asesina y claro abrirla, porque no, faltaba más. Y entonces el milagro se hizo… La puerta del infierno sucumbiose ante mi fuerza; ja-ja-ja (léase en son de burla caricaturesca) en realidad es que los ex vecinos se habían olvidado también de ponerle la cerradura.
Entré paso a pasito, siguiendo el sendero de luz que se escurría por la ventana escandalosa del problema, pero ya al estar frente a ella me quede mirando perplejo (se entiende) en el mejor plan voyerista, cómo dos muchachonas forcejeaban y vociferaban en el departamento del edificio de en frente, así que calladito y sin hacer mucho ruido me acomode detrás del muro, nada mas asomando mi carota para poder ver el espectáculo. Vi como las chamacas aquellas se daban con todo lo que tenían a su alcance. Y digo las vi porque creo que así fue.
En eso estaban las dos jalándose los pelos largos de ambas, pellizcándose los cachetes y metiéndose patadas, así como si estuvieran en el lodo, así como pelean normalmente las mujeres, sin rumbo y con arta gracia. Entradas en su lucha campal peor que chamacas de secundaria, iban aquellas acercándose a la ventana, que era el abujero de enfrente por donde yo las espiaba desde mi abujero; y entonces una de ellas, la que llevaba las de perder, quedo doblada por la espalda hacia atrás con medio cuerpo en el vacio aironado(por cierto , yo vivo en el cuarto piso) y la otra sobre ella aun gritándole y sometiéndola, tomándola de sus largos y negros cabellos AAAAYYYY! Grite, y ahora si se oyó; y digo que se oyó porque me espante, y grite de tal manera (como niña, tal vez, lo reconozco) que la morena de enfrente al oírme se sobresalto, y soltó los pelambres de la otra morena sometida, y esta pobre cayo al vacio. Pero… porque hay uno…
Sacando todo mi cuerpesote de su escondite, asomaba me yo a ver lo sucedido y observe atónito con mi panza clavada en el barandal de la ventana, que aquella mujer cual pluma, meciéndose pa’ ya y pa’ ca, caía dentro de un cuello de botella(con todo y botella)que debía contener cloro, porque al entrar, la mujer esta, decoloro se completita hasta convertirse en albina menonita, con todo y cabellos rubios de muñeca Barbie y flotaba dentro de la botella como si fuera feto en formol-cloro de laboratorio de secundaria federal.
Y todo eso podría jurar que sucedió, porque creo que así paso (aunque todavía no me explico de donde salió una botellota de cloro? y sobre todo lo más importante, porque no se ven esas cosas desde mi departamento?) una noche de harto aire polvoriento, cuando el ruido de la ventana abierta de mis olvidadizos ex vecinos de arriba me despertó, o no?

Sueño acaecido en alguna noche-madrugada de algún año entre el 93 y el 99. (foto 2 Susana Guillen)