
Era un domingo, día en el que usualmente , se expiaban las culpas, premiar ala familia con una comida en un lugar lujoso (a según el presupuesto, y el tamaño de la culpa, un lugar lujoso era el equivalente a un restaurante establecido y al menos limpio no la tradicional fondita) , la playa o un paseo por el centro, el chiste era gastar dinero, para que no se reprochara la borrachera de la noche anterior.
Ese domingo el lugar elegido fue *El Unicornio*, edificio de 5 pisos de un estilo arquitectónico rayando en lo naco, de color marrón-melon y los bordes de yeso en tirol de color blanco adornaban la fachada frontal del edificio, una puerta doble de vidrio y marcos de aluminio negro era la entrada. La decoración sobada, solo faltaban los flequillos del camión de cualquier transportista y budas dorados con su infaltable tercer ojo que todo lo observa, hacían las delicias de todos los visitantes del lugar, mismos que se repartian entre los distintos pisos y temáticas del edificio, no así del ambiente festivo colectivo que imperaba en sus paredes y en el aire del mismo.
Lo malo de estos lugares siempre son las escaleras, decía el padre, el de las culpas a expiar, y el resto de la familia, los de la ventaja dominguera, lo miraban como se mira a un eterno fiestero, pero el lugar invitaba al buen humor. Subir las escaleras torcidas, estrechas, blancas con decoración hawaina, era el equivalente a que con música se bailara la conga al ir pasando por ahí y llegando al piso de su destino una chica malibu lo recibirá con un collar de flores y un aloha con la sonrisa vespertina y vodka de aromatizante piña colada numero 5.
Mientras la familia se acomoda en la mesa adornada con flores artificiales , semejando un ramillete de silvestres y exóticas flores de selva, el florero se desbordaba y abarcaba un gran lugar verde naranja, evitando que se vieran entre si, ayudando así a camuflajear las oscuras ojeras de la trasnochada del nocturno padre, la familia iba reconociendo el lugar, haciendo girar las cabezas como sifueran gallinas en matadero. Hacia arriba en el techo del lugar, una densa nube de humo de vapor caliente albergaba peces de colores, peces tropicales, que nadaban sin ninguna preocupación sobre la cabeza de los comenzales, quien sin ninguna preocupacion tambien los observaban y departian de la felicidad del ambiente tropical, mientras unos mas curiosos se paraban sobre sus asientos para asomar su cabezota por dentro de la nube y mirarlos nadar junto a sus orejas y entre sus narices. El unicornio, no recuerdo haber visto este lugar antes, dijo la hija mayor, pero nadie ocupo un segundo de su atencion para escucharla, los peces tropicales en una nube, "los peces". En el corazon de una ciudad pacifica se erguio casi imperceptible como un sueño una tarde de domingo cualquiera un edificio de 5 pisos y nadie se dio cuenta? volvio a declarar con una voz entrona la primogenita, pero al igual que la anterior , esta vez tampoco obtuvo respueta, "los peces, en una nube sobre tu cabeza" " y nadan entre tus orejas"
Al final del banquete del perdon, la famila bajo por las escaleras de la conga, rumbo a la salida, mientras el padre saludaba con vergonzoso ademan a los amigos de la borrachera de la noche anterior, quienes acompañados tambien de sus familias ventajosas de domingo replicaban el saludo apenados disfrazando lsa ojeras detras de ridiculas gafas de sol ochenteras, los peces se quedaban en su nube, en su ambiente tropical , el Unicornio se esfumaba tras la esquina de aquella calle grande que se escondia tras Ejercito Mexicano, una tarde de domingo donde, el cobre de un sol a media tarde aun, relucia sobre las ventanas negras de la llamativa fallada del Unicornio.

1 ficciones:
Changos, qué manera de darle la vuelta a la tortilla. Siempre que pienso en un unicornio puede venir todo a mi cabeza, excepto un restaurante de "tan buen gusto", jojo.
¿Qué se sentirá estar borracho?
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